¿Por qué perdió la izquierda en Chile? El sentido contrario de la pregunta sería ¿por qué ganó la derecha? En particular, lo que genera debate en México es si lo ocurrido en el país andino puede replicarse en México. Al menos en el sentido del resultado, el triunfo de la derecha en el país de Salvador Allende animó a la oposición, que supone replicar esa tendencia en las elecciones de corto plazo, es decir, en los comicios intermedios de 2027. Sin embargo, el entusiasmo, si bien válido y hastaesperanzador para el bloque opositor, debe tomarse con frialdad.
Las condiciones del gobierno del presidente Boric no son, ni de lejos, parecidas o semejantes a las que ha registrado la Cuarta Transformación (4T) desde su ascenso al poder presidencial. La presidenta Sheinbaum tiene una aceptación del setenta por ciento. Es la líder de un movimiento anclado en bases profundas del pueblo, y los gobiernos de la 4T, en el orden federal, han marcado una distancia de fuerza popular con los programas sociales.
—¡Pero si allá ganó el hijo de un nazi, un ultraderechista, seguidor de Pinochet! Porque acá no podemos hacerlo con un personaje tan desprestigiado como el señor que no paga impuestos o con cualquiera de los señalados de ser parte del cártel inmobiliario o qué sé yo. El desprestigio no es impedimento para crear un movimiento ganador. No importa que sea ratero, corrupto, prófugo de la justicia, solo que mantenga la esperanza y ya.
Desde la llegada de Boric al gobierno chileno se anticipaba que no lograría modificar el fondo ni las formas imperantes del poder en manos de grupos históricos anclados en los centros de la toma de decisiones desde la dictadura de Augusto Pinochet. Los medios de comunicación estuvieron siempre del lado de la aristocracia chilena; lo mismo contribuyeron a la caída del presidente Allende que ahora a la derrota del presidente Gabriel Boric. Su popularidad cayó de manera estrepitosa por no resolver problemas que heredó del pasado inmediato y que, materialmente, no tenían solución en el corto o mediano plazo.
Nunca logró generar una base social que lo sostuviera. La izquierda y cualquier movimiento de corte progresista debe hacer por los más pobres, los más necesitados, por generar futuro a los jóvenes y por impulsar medidas de vanguardia que marquen la diferencia entre el pasado y los resultados de un gobierno de izquierda. El presidente chileno no lo tenía, no pudo o no supo cómo hacerlo. Todo movimiento requiere de la premisa fundamental de cambiar el poder, lograr un cambio de régimen, solo que, para hacerlo realidad, hay que tener el poder. Sin el poder del gobierno y sin el control de los centros donde gravita el poder, todo es demagogia, retórica, buenos deseos o ánimo militante, pero nada más.
Para José Antonio Kast la tercera fue la vencida, perdió en 2017, 2021 y gana en 2025 ante una caída alarmante en la aprobación popular del presidente Boric. Lo hizo con contundencia, más de dos millones de votos de diferencia frente a la candidata de las izquierdas unidas. La debilidad del presidente chileno fue la propaganda más difundida, no hubo forma de detener la derrota. Tampoco había resultados con qué defenderse. La izquierda debe aprender, entender y actuar ante las acciones de la derecha. Ellos no se detienen porque fueron hechos en el poder y, cuando lo pierden, lo quieren de regreso. En México, el reto mayor de la presidenta Sheinbaum es mantener la mayoría en la Cámara de Diputados. Ese es el centro de la continuidad.







