No es de güevos; es de inteligencia.
Cuando manejaba hacia Mecapalapa City, me acordé de las historias de nahuales, la llorona y de las limpias que acompañaban las pláticas de mi niñez. Cada uno compartía sus anécdotas con tal énfasis que parecían verdaderas. ¡Ja, qué cosas! No, don Meli, le voy a contar una de aquellas. Fíjese que un compadre de mi…

